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lunes, 18 de julio de 2016

LA GUERRA CIVIL DE 1936 EN ABEGONDO.- LA IMPROVISADA RESISTENCIA.


LA GUERRA CIVIL DE 1936 EN ABEGONDO.
LA IMPROVISADA RESISTENCIA.







(Resúmen de lo publicado en el libro "Abegondo un curruncho das Mariñas")

Las noticias en Abegondo del inicio de la revuelta militar llegan por distintos medios a los pocos vecinos que tenían acceso a los medios de comunicación de la época en medio de una profunda confusión.[i] 

Clarificado que el Ejército destacado en Africa se había sublevado contra la República, dio pié de inmediato a la llamada “improvisada resistencia”, que sobre en algunas zonas rurales tuvo su relativa importancia.

Los días 19 y 20 de julio de 1936 pequeños grupos de vecinos hacen requisas de armas en muchas casas del término municipal, principalmente en aquellas en que su localización era fácil encontrarlas, como fue el caso caso de cazadores o domicilios de personas simpatizantes con partidos políticos de derechas. Entre los visitados para que hicieran entrega de las armas aparecen el marqués de Figueroa, Cupeiro de Abegondo y José Loureda, este último fuera alcalde durante la IIª República.

Precariamente organizada la resistencia en Abegondo, el día 21 parte un grupo hacia Iñás, fletando para ello un autobús propiedad de Aurelio Loureda, de Outrix-Mabegondo. En la indicada localidad del municipio de Oleiros se unen a grupos que posteriormente asaltan la casa del capitán Arturo Molina, refugiándose este en la localidad de Mera.

Otro grupo de resistencia que partió de Abegondo, sale con vecinos de las parroquias de la zona más oriental (Presedo, Leiro y Meangos, principalmente), utilizando como medio de transporte dos camiones de otros tantos vecinos de la parroquia de Leiro, adquiridos con un premio de la Loteria. Este grupo de resistencia abegondesa no llegó ni siquiera a alcanzar la localidad de Betanzos, quedando a la altura de Montellos e Infesta, por lo que no participaron en incidentes graves y de consistencia. Regresan a sus casas en el mismo día. Por último, otro grupo reducido de hombres de la zona de Mabegondo llegan hasta el núcleo urbano de Betanzos que a poco de quedar controlado por las fuerzas del Ejército sublevado, inician el camino hacia Abegondo.

El día 22 de julio la iglesia de San Francisco de Betanzos sufre un incendio y se oyen desde la distancia disparos y bombas. El humo se llega a percibir, lo que pone en máxima alerta a la población sobre hechos que están ocurriendo muy cerca de sus casas revisten considerable gravedad.

En otras poblaciones de la comarca como es el caso de Pravio y Santa María de Vigo son incendiadas las iglesias parroquiales. Un avión sobrevuela el cielo de la comarca, circunstancia que atemoriza más aún a los vecinos, llegando incluso algunos a colocar sábanas blancas en las ventanas.

Controlada la situación por el Ejército sublevado en la capital provincial y en la comarca de Betanzos, el día 23 recorre el municipio de Abegondo, junto con el de Sada y Oleiros para regresar a la ciudad de A Coruña, dejando un retén al mando del teniente González.[ii]

El hecho de intentar organizar una resistencia al tomar conocimiento de la existencia de una sublevación del Ejército en contra del gobierno republicano, supuso una ristra de luctuosos sucesos para muchas familias abegondesas. Aquellos que participaron activamente en esta organización de resistencia tuvieron que huir o esconderse en el monte o en casas de familiares de otros municipios por miedo a ser linchados.

Miedo y temor que en la mayor parte de los casos era fundado, por más tarde o más temprano, los que no pudieron o no quisieron marchar, lo pagaron con sus vidas.

En la carretera de San Pedro de Nos a Mabegondo, en esta localidad y en el alto de Montouto en la que va de Betanzos a Mesón do Vento fueron lugares preferidos para abandonar los cadáveres de hombres pasados por la justicia vengativa de una sociedad que comenzaba a masticar unos duros y amargos años de guerra civil. Hubo “paseados” desde los primeros meses de estallar la contienda. La parroquia de Mabegondo y la de Presedo fueron las que tuvieron más bajas en la población civil.  

El fundamento y la definición de las situaciones luctuosas viviendas en aquellas fechas fue certeramente resumida por un vecino del municipio de los muchos entrevistados, el cual desempeñó durante varios años el cargo de Concejal en el Ayuntamiento cuando señalaba que “… en Abegondo ninguén debeu morrer. Aquí non había políticos. As mortes que houbo foron, esencialmente, venganzas personais…”


Nota.- en una posterior publicación se tratará la organización y situación político-social en 1936 en el municipio de Abegondo, relacionando los cargos de alcalde y concejales en el momento del alzamiento militar, los cambios en la corporación y nombramientos surgidos con ocasión de la caída de la IIª República, así como una mención especial a la sociedad de agricultores “La Armonía” con sede en Lamansián (parroquia de Mabegondo), un pujante grupo social de la época que incluso llega a tener economato para sus socios, siendo uno de los promotores el médico de la localidad Claudino Barros Vidal.  

En otro apartado de la publicación se hace mención a casos de "paseados" y de hasta un total de 26 expedientes de otros tantos vecinos a los que se les abrieron "expedientes de responsabilidades políticas", todos ellos terminada ya la guerra civil. Como curiosidad indicar que algunos de los expedientados fueron paseados en 1936.





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Portada del libro "Abegondo un curruncho das Mariñas"







Portada del libro "El último de Filipinas de Almeiras...."







[i]  Téngase en cuenta que en el año 1936 en la inmensa mayoría de las viviendas no existían aparatos de radio y la prensa llegaba por correo ordinario a unas cuantas personas de unas pocas parroquias: Taberneros, curas, maestros y algún que otro particular.

[ii] “La Guerra Civil en Galicia”, de Carlos Fernández.- Capítulo VIII, pág 118. Publicaciones de La Voz de Galicia.